La sobrecarga sensorial ocurre cuando el cerebro recibe más información de los sentidos de la que puede procesar. En personas dentro del espectro autista o con TDAH, el sistema nervioso procesa los estímulos con mayor intensidad, y el ruido —que no se puede “cerrar” como los ojos— es el gatillante más frecuente.
Las señales: irritabilidad creciente en lugares concurridos, agotamiento desproporcionado, dificultad para concentrarse o seguir conversaciones, y la necesidad urgente de salir. Reducir la entrada de ruido baja la carga total que el cerebro debe procesar: por eso la protección auditiva funciona.